J. ENCARNACIÓN
PERSPECTIVA
OPINIÓN & ANÁLISIS
Cuando la presión gobierna
By J. Encarnación
Providence, Rhode Island · September 6, 2026
Toda organización comienza a perderse el día en que descubre que sus reglas pueden negociarse mediante presión.
Las reglas no existen para los días fáciles. Existen precisamente para aquellos momentos en que cumplirlas resulta incómodo.
Estar en desacuerdo es un derecho. Reclamar, preguntar y cuestionar una decisión también lo es.
Pero existe una frontera.
Una cosa es cuestionar una decisión. Otra muy distinta es intentar vencerla mediante presión, confrontación o intimidación.
Cuando alguien descubre que insistiendo lo suficiente puede conseguir una excepción, los demás observan. Y aprenden.
Entonces aparece una nueva regla, aunque nadie la haya escrito:
“Si presiono lo suficiente, quizás conmigo también cedan.”
En ese momento deja de gobernar el reglamento. Gobierna la presión.
LA TRAYECTORIA MERECE RESPETO, NO INMUNIDAD
Los años dedicados a una institución merecen reconocimiento.
La experiencia importa. La historia importa. Las contribuciones realizadas durante años no deben olvidarse por una diferencia o por un momento difícil.
Pero respetar una trayectoria no significa conceder inmunidad.
Una institución que aplica sus reglas solamente al recién llegado, pero teme aplicarlas a quien tiene influencia, deja de administrar justicia y comienza a administrar privilegios.
La autoridad también tiene una obligación: escuchar.
Un cargo, un título o una posición superior no convierten automáticamente una opinión en la mejor opinión. Muchas veces, quien está más cerca del problema puede ver aquello que desde arriba no se alcanza a distinguir.
Escuchar al que piensa diferente no disminuye la autoridad.
La fortalece.
EL PODER TAMBIÉN SE MIDE POR LA COMPASIÓN
Dirigir no consiste únicamente en tener la capacidad de decir no.
También consiste en saber cuándo escuchar, cuándo orientar, cuándo corregir y cuándo ofrecer otra oportunidad.
La firmeza sin humanidad puede convertirse en abuso.
Pero la compasión sin límites también puede terminar destruyendo las reglas que protegen a todos.
Por eso administrar requiere equilibrio.
No se trata de ganar una discusión.
Se trata de proteger algo más grande que cualquiera de nosotros.
Porque las instituciones pasan de una generación a otra. Los cargos cambian. Los dirigentes cambian. Nosotros mismos algún día nos vamos.
Lo que queda es la cultura que ayudamos a construir.
Y quizás una de las responsabilidades más difíciles de quien dirige sea precisamente esta:
tener suficiente autoridad para mantenerse firme y suficiente humildad para seguir escuchando.
— J. Encarnación
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